De Campo Valdés al Pop Art: la historia de un pintor que nunca dejó de soñar

Toda pintura tiene una historia. Las mejores nacen mucho antes del primer trazo.
Fabio Morales pertenece a esos artistas que han hecho de los colores una manera de honrar la memoria y agradecer la vida.
Por: Jairo Palacio Fernández, director somosantioquia.com
Hay artistas que encuentran su camino después de muchos años de búsqueda. Otros, aunque no puedan explicar exactamente cuándo empezó todo, sienten que el arte siempre estuvo allí.
Esa sensación acompaña a Fabio Morales desde la infancia. Nació y creció en el barrio Campo Valdés, en Medellín, un lugar que aún recuerda con profundo cariño y que sigue apareciendo en cada conversación sobre su vida.
Allí comenzó una historia que más tarde lo llevaría a vivir en Nueva York, donde descubrió y perfeccionó la técnica del Pop Art, un estilo que hoy identifica su obra.
Actualmente prepara una colección inspirada en los futbolistas de la Selección Colombia de Fútbol. Son retratos llenos de color, pero también de memoria, gratitud y orgullo por un país que nunca dejó de extrañar.
Conversar con Fabio es descubrir que detrás de cada pintura hay una historia. Y que, para él, el arte nunca ha sido solamente una técnica: ha sido una manera de agradecer la vida.
Fabio, ¿cómo nació tu afición por la pintura? ¿Recuerdas cuándo descubriste que el arte sería una parte importante de tu vida?
No me queda fácil decir cuándo nació. Simplemente es un sentimiento. Yo creo que uno ya nace con ese amor por el arte, cualquiera que sea su manifestación.
Desde pequeño admiraba los dibujos de otros y recuerdo mucho que eso fue una inspiración para mí.
Hay un momento que nunca olvido. Mi hija mayor estaba dormida y me dio por coger un lápiz y una hoja para dibujarla. Lamento mucho haber perdido ese dibujo. Me parecía mentira que yo lo hubiera hecho. Quedó tan reflejada, tan dormida y tan profunda, que para mí fue una confirmación de que ese amor por el dibujo era una realidad.
¿Es fácil conservar la pasión y la inspiración durante tantos años?
Para mí no existe eso de decir: «Voy a dejar de pintar».
Con toda la edad que tengo, todavía la pasión es la misma, o aumenta cada día. Cada cuadro, cada dibujo o cada exposición alimentan ese sentimiento.
Eso es un amor eterno. Lo tienes en la sangre y en el corazón. Nunca he dejado de querer los colores, los lápices, los paisajes ni los rostros. Siempre hay una fuerza que me invita a seguir, y seguir, y seguir.
Todos hemos recibido el apoyo de alguien que creyó en nosotros. ¿Quiénes han impulsado tu camino artístico?
Con el tiempo siempre he visto gente a la que le interesa lo que yo hago y me anima a seguir.
Pero hay unas personas que ocupan un lugar muy especial en mi corazón: la familia Núñez Torres, a quienes considero mi familia adoptiva en los años que viví en Nueva York.
Ellos siempre me impulsaron, siempre me animaron y hasta me regalaban materiales para pintar. Cada vez que mezclo colores recuerdo a esa familia. Son momentos que uno nunca olvida, ni siquiera diciendo mil y mil veces gracias.
¿Has pensado en realizar una exposición individual?
Sí. Yo creo que ese es el sueño de todo pintor, de todo artista, ya sea escultor, pintor o cualquiera que lleve el arte en la sangre.
He pensado empezar una serie de obras para montar una exposición donde la gente pueda conocer un poco más mi trabajo y decirme: «Fabio, felicitaciones, haces un trabajo muy bonito».
Espero que ese día me acompañen mis familiares, mis amigos y todas las personas que me conocen. Sería algo muy beneficioso para mi gusto personal y para mi sentido como pintor.
Tu obra tiene una técnica muy particular. ¿Cómo la aprendiste?
La descubrí por coincidencia.
Una amiga en Nueva York me dijo un día: «Fabio, mire Pinterest». Allí vi figuras realizadas con esa técnica y me llamó muchísimo la atención.
Se llama Pop Art, o arte popular.
Es una técnica que exige mucha disciplina y mucho aprendizaje. Cada pequeño cuadro representa un tono diferente de luz y eso hace que el resultado sea muy especial.
A mí me gusta porque me obliga a mejorar y mejorar. Hasta el momento la gente disfruta mucho mis obras realizadas con esta técnica, llena de colores y de expresiones.
¿Qué aspecto de tu personalidad se refleja más claramente en tus pinturas?
La alegría.
En realidad, el colorido expresa mucha alegría. A mí me transmite ese ánimo y ese entusiasmo que llevamos los paisas, que somos tan expresivos y tan claros como cualquier color.
Es una forma de sentir y de expresar lo que llevo por dentro. Por eso creo que el colorido de mis pinturas refleja el espíritu alegre de nuestra gente.
En varias de tus obras aparece la Selección Colombia. ¿Por qué escogiste ese tema?
Representa el colorido y la alegría de saber que vamos muy bien representados. En cada pintura también van nuestros colores patrios.
Es una forma de expresar el amor por nuestro país.
Yo pienso en el esfuerzo de esos muchachos que desde pequeños pedían que los dejaran jugar fútbol en canchas de tierra, muchas veces con los tenis rotos o con un balón prestado. Siguieron luchando hasta representar a Colombia ante el mundo.
Eso inspira.
He invertido muchas horas para mostrarle esta obra a Medellín, a mis amigos y a mi familia, porque representa el colorido, la alegría y el esfuerzo de todo un país.

Finalmente, ¿quién es Fabio Morales?
Fabio Morales fue un niño nacido en un hogar humilde. Dio sus primeros pasos en el barrio Campo Valdés, un barrio que fue, es y será siempre testigo de muchas historias.
Allí estudié, hice amigos y crecí inventando juegos en unas calles que todavía no estaban pavimentadas.
Después la vida me llevó a Estados Unidos. Allí conocí otra cultura, pero también conocí el dolor de la ausencia. La ausencia de los colores patrios, de escuchar el himno nacional. Cuando uno está lejos de Colombia, se le atraganta la garganta.
Hoy soy un hombre que sigue viviendo con esperanza.
Quiero que el mundo, especialmente los jóvenes, reflexionen sobre lo que valen la paz espiritual, los verdaderos amigos y la verdadera familia.
Aquí estoy, con el corazón en la mano, para servir en lo que pueda.
Y ojalá algún día alguien vuelva a decirme:
«Fabio, qué lindo pintas.»
El color de la gratitud.
Al terminar la conversación queda la sensación de que Fabio Morales no pinta únicamente con pinceles. También pinta con recuerdos.
En sus palabras aparecen una y otra vez Campo Valdés, la familia, los amigos, Nueva York, Colombia y los colores. Todo está conectado por un mismo hilo: la gratitud. Gratitud por el camino recorrido, por quienes creyeron en él cuando apenas comenzaba y por la posibilidad de seguir creando después de tantos años.
Su próxima exposición dedicada a la Selección Colombia será, seguramente, un homenaje al talento de nuestros futbolistas. Pero también será un homenaje a los sueños que nacen en los barrios, a la disciplina silenciosa y a la certeza de que el arte, cuando nace del corazón, nunca deja de encontrar nuevos caminos.
Quizá esa sea la mayor enseñanza que deja Fabio Morales: el talento puede abrir una puerta, pero son la constancia, la humildad y el amor por las raíces los que terminan convirtiendo una vida en una verdadera obra de arte.
