Más allá de los dulces: octubre y la urgencia de cuidar la niñez antioqueña

Llega Octubre, el mes que tiene una magia especial para nuestros niños. Es el mes en que todo se llena de color, de juegos, de disfraces, de dulces que se reparten con sonrisas. Es un tiempo que ellos viven con ilusión pura, con esa alegría sin condiciones que solo la infancia conoce.
Muchos de esos momentos —un abrazo en la escuela, una salida con amigos, una sorpresa en casa, un disfraz hecho en familia— se quedan grabados en su memoria para siempre. Porque lo que vivimos en la infancia no se olvida: nos forma, nos marca, nos define.
Y es justamente por eso que octubre debe ser más que una celebración de un día. Debe ser un compromiso de fondo. Un recordatorio de que endulzarles la vida no es solo darles caramelos, sino ofrecerles entornos seguros, educación digna, salud oportuna, espacios para jugar y alguien que los escuche cuando algo duele.
Sabemos que abril es el mes que, por ley, conmemora oficialmente a la niñez en Colombia. Pero octubre, con toda su simbología lúdica y emocional, se ha convertido también en un momento muy esperado por nuestros niños. Aprovechémoslo. Hagamos que esta sea una excusa hermosa para mirar de frente su realidad y tomar decisiones que impacten su presente —y su futuro.
Cifras que no podemos ignorar.
Este 2025 nos deja avances importantes, pero también muchas alertas.
Celebramos los progresos en la lucha contra la desnutrición infantil en Antioquia, con una reducción significativa en los casos más graves. Destacamos el aumento en los tamizajes nutricionales y la ampliación de programas como Arrullos, que hoy acompañan a miles de familias gestantes, lactantes y con niños pequeños en el territorio.
También reconocemos que, a pesar de los esfuerzos institucionales, aún hay niños en casa, sin clases. Hay sueños aplazados. Hay realidades silenciosas que necesitan atención con urgencia. Y si bien se han hecho avances en cobertura, infraestructura y conectividad, la deuda persiste en muchas zonas del territorio.
La atención debe dirigirse con especial firmeza hacia los niños que viven en los corregimientos y veredas, quienes suelen ser invisibilizados por la lejanía. Muchos de ellos deben recorrer grandes distancias por caminos difíciles para llegar a la escuela o acceder a un servicio básico que la Alcaldía les ofrece.
Ese es un reto que no admite excusas: debe asumirse con convicción, decisión política y presupuesto. Porque si alguien no puede quedarse atrás, son precisamente ellos, los niños del campo, que sueñan igual que cualquier otro niño, pero con mucho menos a su alcance.
Un llamado a los alcaldes de Antioquia.
Por todo esto, hoy queremos hacer un llamado a quienes tienen en sus manos la posibilidad de cambiar esta historia: los alcaldes y alcaldesas de nuestro territorio.
Este octubre no puede ser solo una fiesta. Tiene que ser un punto de inflexión.
Porque ustedes —más allá de los cargos y las estadísticas— también son padres, madres, abuelos, tíos. También saben lo que se siente cuando un niño ríe, o cuando llora. Y desde esa sensibilidad humana, pueden liderar acciones que marquen una diferencia real.
Hoy les proponemos que, en este mes lleno de dulzura simbólica, les regalen a sus niños decisiones dulces de verdad:
Apostar por la salud mental como un componente esencial en las escuelas.
Garantizar que cada niño tenga un lugar en el aula y permanezca en ella.
Fortalecer la atención a la primera infancia como pilar del desarrollo humano.
Mejorar la articulación interinstitucional para proteger a la niñez en todos los frentes.
Escuchar con atención lo que los niños tienen por decir.
Y si hay que ajustar presupuestos, reformular proyectos o pedir apoyo, hacerlo sin demora. No hay inversión más rentable que la que se hace en la infancia.
Porque un niño cuidado es un adulto con esperanza.
Desde Somos Antioquia creemos que el desarrollo de un territorio se mide también —y sobre todo— por cómo trata a sus niños. Por eso, seguiremos visibilizando sus realidades, sus logros y sus necesidades, con la convicción de que cada historia contada puede ser el inicio de un cambio.
Este octubre, en lugar de solo darles dulces, hagamos que vivan una infancia dulce. Llena de cuidados, de oportunidades, de tiempo compartido, de amor. Porque esos son los recuerdos que realmente perduran.
Y porque ellos, nuestros niños, lo merecen todo.
